Una de las variables claves de todo emprendimiento es tener claridad sobre su «Propuesta de Valor», es decir el motivo que hace que un cliente opte por sus productos o servicios, por cuanto estos logran solucionarle un problema o satisfacer sus necesidades de manera diferenciadora.

Sin embargo, es fácil en este proceso terminar “enamorándose de la solución y no del problema”, creemos que nuestra solución es genial, que la va “a romper” y a veces tarde nos damos cuenta que los clientes “se equivocan” al no elegirnos. La clave parece ser al revés, hay que enamorarse del problema a resolver y no de la solución, por cuanto nunca debemos olvidar que nuestra “Propuesta de Valor” no tiene valor en sí misma, sino que su valor debe ser apreciado por el cliente, de ahí las dos preguntas claves a resolver por todo emprendedor: “¿Los clientes le atribuyen valor a mi propuesta?” y si es así, “¿Cuánto están dispuestos a pagar por ella? Por lo tanto, mi reflexión seguirá por la senda de como construimos una propuesta de valor diferenciadora.